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Linaje de barro: familia Pajarito de Tonalá

Linaje de barro: familia Pajarito de Tonalá

Guadalajara, México (30 julio 2017).- La tradición voltea cinco generaciones al pasado. Con manos de barro la familia pajarito se ha hecho de un reconocimiento en el mundo de la artesanía con una larga e innovadora trayectoria que incluye 250 premios locales, nacionales e internacionales.
No sólo el patriarca Nicasio Pajarito ha logrado prestigio y reconocimiento, seis de sus ocho hijos: José Isabel (65), Zenón (51), José de Jesús (49), José (47), María Genoveva (45) y Pablo (43), han logrado replicar su talento con el barro canelo en el Municipio de Tonalá.

Nicasio tiene 81 años y todavía recuerda cómo es que aprendió a manejar el barro, como si se tratara de respirar. Fue un proceso orgánico heredado de su padre y sus abuelos, desde hace más de 70 años. Él repitió la historia y transmitió el oficio a sus hijos.

Cuando don Nicasio empezó a hacer artesanía el proceso empezaba de cero: extraía los terrones de arcilla blanquecina en El Rosario, para luego molerla, preparar la mezcla y moldear el barro, enjarrar y dejar secar al sol para alisar. Luego la pieza se baña en una mezcla ligera de barro, para volver a secar y aplicar color con pigmentos naturales, bruñirla y al final «quemarla».

Todo el procedimiento puede durar 10 o más días según la complejidad de cada obra. Es un trabajo duro, pero nunca ha faltado comida en la mesa, el barro ha sido un camino de paciencia, perseverancia y creatividad, «la artesanía ha sido pura vida», advierte el patriarca.

Aunque su vista ya se ha cansado, todavía puede dibujar de memoria los patrones que hicieron famosa a su obra, que se salió literalmente de los moldes establecidos para llevar las formas a otro nivel.

«Todos los diseños están en mi cabeza, en la de mis hijos, está en la memoria, yo tomé la inspiración de la naturaleza, de lo que veía, de lo que tenía en la mente», describe el artesano quien trabaja y vive en la población tonalteca de El Rosario desde que nació.

Sello individual

Aunque todos los hermanos Pajarito siguieron a su padre en el gusto por las artesanías, cada uno le ha puesto su toque distintivo a partir de las máscaras de tastoanes, los motivos religiosos, la inspiración prehispánica, representación de la cultura indígena, hasta las formas contemporáneas.

«La familia se ha convertido en lo que es gracias al jefe, ya estamos en la quinta generación de artesanos, desde el abuelo Leandro, el abuelo Zenón, el abuelo Cecilio, mi papa y yo; a mí me gusta todo el proceso de trabajar con el barro, lo aprendí desde chiquillo y no es un trabajo.

«Mi jefe se hizo leyenda, estaba ahí en los concursos sin perder tiempo, sabía que con el tiempo habría una recompensa y mira aquí estamos toda la familia», resalta José Isabel, el mayor de los hermanos.

Zenón, quien acaba de ser reconocido con el Galardón Ángel Carranza del Premio Nacional de la Cerámica 2017, resalta que el barro se trabaja con inspiración e intuición, pero sobre todo con amor.

«La mente y el cuerpo se desarrollan con la práctica, hacer artesanía requiere una coreografía coordinada, respetar tiempos y movimientos, hacer las cosas por amor al arte», narra Zenón.

Oficio para valorar

José aprendió el oficio casi sin darse cuenta, un poco por juego, un poco más por instinto. Siempre ha sido una pasión, una especie de terapia, porque cuando se mete a trabajar con el barro se olvida de todo, «perderse en el tiempo». Asegura que es un oficio que ama, pero que no todos valoran, porque hay un enorme trabajo físico y creativo detrás.

Genoveva aprendió ya grande. No lo hizo desde chica porque, junto con su madre, debía echar las tortillas para la familia, pero con su hija rompió esa inercia y desde pequeña le ha enseñado a amar el barro canelo.

«Mi hija ya empieza a hacer cositas en barro, lo que queremos es que la tradición siga, que no muera, es un legado que debemos preservar», abunda la artesana.

Pablo es el más pequeño de la dinastía Pajarito. Es quien le ha dado un giro contemporáneo al añejo legado de su padre. Ha capacitado a estudiantes e interesados en la artesanía, ha desarrollado proyectos de arte contemporáneo y diseño en combinación con la Universidad de Guadalajara, el ITESO, el Tec de Monterrey y la Univa.

Pablo ha trabajado con creativos y artesanos de otros países, expuesto su obra en recintos como el Museo Rufino Tamayo y ahora colabora con el Museo de Arte Popular de la Ciudad de México a través de la iniciativa ArteSano ÷ Artistas 3.5, que reúne creativos de todo el País y que tendrá una exposición en noviembre próximo.

«El barro canelo lo llevo en el corazón por la herencia de cinco generaciones de las que orgullosamente formo parte», concluyó Pablo.

Una producción del Periódico Mural.com, consulta la nota informativa en su portal web. Aquí

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